Saturday, October 9, 2010

sabor a kenia - capítulo x

Sabiendo que en media hora el cielo se venía abajo, fui al pueblo a vaciar un poco el bolsillo para llenar el estómago y a conectarme con la gente del otro lado del charco. Pero me abusé del tiempo de gracia y la lluvia se me vino encima. En mi opinión, es mejor mojarse que embarrarse (porque es más fácil lavar las zapatillas), así que empecé a correr bajo la lluvia antes de que la tierra se ablandara. Pero los demás tenían otras prioridades, ya que corrían buscando un refugio para no mojarse y luego embarrarse. Fui 50 metros y mis pantalones ya estaban empapados. Correr se me hizo pesado y, para colmo, empezó a caer granizo. La lluvia me pareció un poco salada... tal vez era porque ese día no me había bañado aún. Llegué a casa y estaba tan empapada que sólo faltaban el shampú y el jabón. 
 Salvo la parte de la historia donde entré a la habitación para cambiarme e hice charcos de lluvia por todos lados, disfruté la corrida. Además hacía días que no salía de casa por la lluvia y el barro. 
 En ciertos lugares de Kenia es difícil pronosticar el tiempo por más que mire 100 veces el cielo y estudie el movimiento de las nubes. Puede parecer que en cualquier momento empieza a llover y uno puede esperar así todo el día y no pasa nada al final. O viceversa. 
 Cuando llueve las mujeres usan unas mantas para cubrir sus cabezas. Son 100% de algodón y son multipropósito, de verdad. Sirve para abrigar, cubrirse la cabeza cuando llueve, sentarse en cualquier lugar, atar al bebé a la espalda, cubrirse las piernas en la iglesia, reemplaza el toallón o la toalla o el pañuelo, y seguramente otros usos que todavía no he notado.
 Si no tienen la manta, las mujeres se ponen bolsas de plástico como gorras. No pueden mojar las trenzas ni las extensiones ni las pelucas. Recién se lavan el pelo cuando cambian de peinado, o sea, 2 semanas, 1 mes, 2, 3, e incluso hasta 6 meses! Y aunque no tengan nada en el pelo, no se lavan todos los días. Varias veces me preguntaron asombrados “¿Otra vez te lavaste el pelo?” y cuando les digo que sí y que lo hago todos los días, se asombran más.
 “¿Qué usás para lavar el pelo?”, “¿qué te pusiste en el pelo?” (cuando lo tengo mojado),  “¿Qué aceite usás para el pelo?”, “¿no te cortás el pelo desde que eras niña?” (sería Rapunzel o Samsón), “¿en tu país no se hacen trenzas como nosotras?”, “¿es verdad que con el pelo de ustedes hacen las pelucas que usamos?” son algunas de las preguntas que me hacen. 
 Al principio le pedía a Dios que parara la lluvia y parecía que caía más. Con el paso del tiempo, aprendí a agradecer porque Dios nos da lo que necesitamos, que no siempre es lo que queremos. Ya no me quejo. Al fin de cuentas, es una de las tantas bendiciones que Dios nos regala día a día. Si me embarro, se lava. 

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