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Saturday, October 9, 2010

sabor a kenia - capítulo vi

 El primer destino del siguiente viaje misionero fue Konyao (Pokot), una zona árida. En medio de la oscuridad bajamos altas montañas y recorrimos el deiserto. Conejos y murciélagos se cruzaron en el camino, además de los bichos de siempre. 
 Faltando 60 minutos para la medianoche llegamos al lugar. A la luz de la camioneta pudimos ver a un grupo de mujeres que cantaban y saltaban, agitando las ramas que tenían en sus manos, y así nos guiaron hasta la iglesia. No imaginé tener semejante bienvenida porque ya era tarde. Además, en el camino no vimos ninguna casa cerca y no sabíamos de cuán lejos habían venido. Luego de despedir a la gente, se armaron las carpas y fuimos al corto descanso.
 Por la mañana, aparecieron poco a poco los pacientes. Mirando a los cuatro vientos no veía otra cosa que árboles y arbustos espinosos. Viven bajo tierra? Dónde están las casas? Desde cuán lejos vienen? Esta gente pasa más tiempo caminando que durmiendo, así que al menos me ahorro palabras para decir que hagan ejercicio. 
 El prirmer paciente no hablaba inglés, pero sí kiswahili y más o menos nos entendimos. El siguiente no hablaba inglés y tampoco kiswahili. Uf! Pedí un traductor y vino el primero que atendí. El paciente hablaba en pokot y el asistente me traducía al kiswahili(!). Todo esto me resultaba muy gracioso. Por el escaso conocimiento que tengo, cuán lejos podría ir así? La verdad que no avancé mucho. Estaba atendiendo cuando vino uno de los que ya había visto diciéndome que no necesitaba la medicación que le prescribí porque no tenía malaria. Evidentemente, no le había entendido bien. Me di por vencida y cambiamos de puesto con un compañero africano que estaba entregando los medicamentos. Al menos, él habla kiswahili. 
 En el cielo de Kenia se ven otras estrellas. Ocupan más lugar los puntos brillantes que el fondo oscuro. Hay tantas que pareciera que junto al sol nocturno compiten para ver quién ilumina más.
 Por ser una zona desértica, durante el día hacía mucho calor. Por primera vez, desde que llegué a Kenia, tuve ganas de tomar una bebida bien fría o helado, y muchas frutas. El agua que habíamos comprado había que racionarlo para que dure hasta el úlitmo día. Pero debido la altas temperaturas, se agotó antes de tiempo. Cuando hay en abundancia, es fácil compartir; pero cuando no hay, sea por sobrevivir o por alguna otra razón, uno se vuelve egoísta. Supe que se iba a terminar el agua y estuve tomando poco. Cuando los demás se quedaron sin agua, yo tenía una botella llena. Pero qué debía hacer? No había suficiente para todos, pero tampoco podía ofrecerle a uno solo, qué iba a hacer con el resto? Tendrían que haber racionado mejor su agua así les alcanzaba hasta el final. Qué hice? Nada. Estuve cargando el peso de mi conciencia hasta que compramos agua nuevamente. Fue un alivio para la sed de aquellos y para la conciencia mía. 

sabor a kenia - capítulo v

 Uganda es más caluroso, más verde y más pobre que Kenia. Al ser más caluroso, hay más mosquitos. Por ser más verde, las vacas son más gordas y grandes. Muchos van a  estudiar a Uganda porque es más barato y el cambio les favorece.
 Abandonamos Kenia a través de un puente angosto y corto, como el que separa Argentina de Bolivia en Pocitos. Luego pasamos el río Nilo, el río más largo del mundo, según “El Laberinto” (juego de PC. Sí, fuente muy confiable). 
 Se habla de “el peatón primero”, supuestamente. En África es “el animal primero”. Vacas, cabras y ovejas tienen la prioridad al cruzar la calle. Habiendo tanto espacio alrededor, a veces se ponen a pelear en medio de la ruta, como para romper la monótona trayectoria de los peatones y motorizados.  
 Dicen que el arroz de Uganda es bueno; pero en el mercado se vende más el arroz egipcio porque es más barato. Se me vienen a la mente los productos “Made in China”. Un claro ejemplo son las rutas de África, derretidas, agrietadas, con pozos, muchas veces peores que los caminos de tierra. 
 En Uganda conocimos a Adam Ismael, un musulmán que, siguiendo los pasos del padre, se estaba preparando para ser un líder religioso. Buscando una universidad económicamente accesible, fue a parar a la Universidad Adventista de Bugema. Él no quería saber nada sobre el adventismo, sólo estudiar a bajo costo. Es más, su tío le dijo que “musulmanizara” a todos los adventistas de la universidad. Pero le predicaron a él y fue bautizado. Cuando la familia se enteró, dejó de pagar sus estudios y fue echado de la casa. Cuando un musulmán abandona la religión, es sentenciado a muerte. Pero Adam no le teme a la muerte, porque aceptó a Jesús como su Salvador y sabe que va a resucitar. El próximo cuatrimestre va a empezar a estudiar teología porque quiere predicar entre los musulmanes. Nos pidió que oráramos por él para que Dios lo mantenga vivo para poder cumplir su sueño. 
 Hicimos 5 días seguidos de atención médica en diferentes pueblos alrededor de la universidad. Iglesias, al aire libre, las calles (porque a veces no hay vereda) fueron nuestros dispensarios. Estaba contenta porque había aprendido palabras básicas en kiswahili para poder atender a los pacientes; pero mi castillo de arena se derrumbó en un pestañear al enterarme que sólo hablaban luganda. Gracias que unos pocos sabían inglés. 
 El sábado fuimos a una iglesia rural. Estaba sentada en primer fila y durante el sermón se me acercó un niño de 3 años tal vez. Lo senté sobre la falda y hojeamos la Biblia. Él hablaba su idioma y yo le contestaba asintiendo la cabeza, el único idioma que compartíamos. El pequeño se bajó, vio mi pelo suelto y empezó a tocarlo delicadamente. Sus ojos brillaban y su rostro se iluminó. Dejó sus huellas digitales en mis lentes también. A la tarde, me senté a hablar con un amigo fuera de la iglesia, y se me acercaron todos los pequeños. Le di la mano a todos, y uno de ellos quedó magnetizado con mi reloj y no me soltaba. Quería arrancarlo de mi muñeca, pero como no podía, miraba, y otra vez hacía el intento de quitármelo, por si acaso. Su mirada parecía haberse perdido con los segundos y los minutos. Cuando se dio por vencido, descubrió mi pelo y brutalmente agarró un mechón y empezó a tironear. Creía, quizás, que tironeando podía arrancar cualquier cosa. Como mi amigo se reía a carcajadas, y yo no podía evitarlo tampoco, el nene hacía lo mismo. Parecía divertirse más que nadie. Después intentó otra vez con el reloj, por si yo había bajado mis defensas. 
 Una semana y 3 días pasaron en avión, y al volver a Kenia, me sentí como en casa. Fue raro, porque sólo estuve 2 semanas en Kenia, pero ya me hice un lugar acá. Desde el primer momento que llegué dormí, comí, y casi me bañé como la gente de acá. Dormir fue casi lo mismo, la única diferencia fue el mosquitero que colgaba como una carpa sobre la cama. La comida es buena, es la misma materia prima pero procesada de diferente forma, nada que no se pueda comer. Y el baño, bueno, los más grandes dicen que es Corea hace 50 años atrás. No sólo eso, casi todo lo demás. Aunque los humanos somos seres adaptables al medio, y bien lo hago, no puedo negar que fue una alegría volver a bañarme en la ducha y sentarme en el inodoro otra vez. 
 Llegamos a Nairobi, nuestro punto de partida de hace 3 semanas atrás, luego de 14 horas de viaje sobre rutas que se pueden llamar rutas y otras, algo como postguerra. Acá terminan los 3.000 km y mi primer viaje misionero. Todos los días agradecí a Dios por haberme dado la oportunidad de trabajar para él. Fue... lo mejor que hice en mi vida, trabajar para Dios sirviendo a los demás.

sabor a kenia - capítulo iv

 14 horas fueron de vuelo desde Buenos Aires hasta Nairobi. Esa buena costumbre de poder dormir en cualquier transporte no sé dónde la dejé, porque dormí pésimo en el avión. Una vez me quedé dormida parada en el colectivo y se me aflojaron las rodillas. Creo que nadie se percató porque el colectivo iba lleno y cada uno sumergido en su mundo.
 El avión llegó tarde al aeropuerto de Buenos Aires, y salió con 1 hora de retraso. No hay de qué preocuparse!, dije, hasta que llegamos a Johannesburgo y me acordé, gracias al piloto que cuando aterrizamos mencionó algo del tema, que eran sólo 2 horas de espera en Sudáfrica, encima se atrasó el vuelo y ahora hasta que logre salir del avión me quedaba como media hora no más para la partida del próximo avión! 
 Disimuladamente me puse nerviosa y empecé a caminar rápido (como si nunca lo hiciera). Pero... qué grande que es el aeropuerto! y largo! o habrá sido tan sólo producto de mi desesperación? “Gate 19” no aparecía más! Me sentía como en los estacionamientos grandes de varios pisos que aparece el cartel “salida” con una flecha para que la sigas y apareza el MISMO cartel REPETIDO, y OTRA VEZ, y SUCESIVAMENTE. 
 Cuando llegué, todavía la “Gate 19” estaba cerrada y tuve tiempo de probar el asiento del aeropuerto de Johannesburgo.  Ahora que lo pienso, si no hubiese escuchado al piloto, en mi ignorancia, llegaba bien igual. Algo así pasa entre Dios y nosotros. Si oramos para que algo salga bien y así resulta, damos gracias a Dios. Pero si no oramos y obtenemos el mismo resultado, pensamos que fue un logro nuestro. El resultado es el mismo, la diferencia es la actitud, que si reconocemos que fue de Dios, damos gloria a Dios y aprendemos a confiar más en él. Así es cómo Dios me cuidó desde el principio y me llenó de bendiciones hasta ahora. 
 En fin, llegué a tiempo a Nairobi, el trámite de la visa fue más fácil que ir a pagar una boleta a pago fácil, no me detuvieron para revisar las valijas y ya me estaban esperando afuera. Salir a respirar aire keniano fue más rápido que hacer el trasbordo en Johannesburgo. 
 Al día siguiente arrancamos el motor de la camioneta para recorrer 3.000 km durante 25 días. 
 Llegamos tarde a nuestro primer destino (Kaprot, un pueblo en las profundidades de las montañas al este de Kenia) debido a los caminos que parecen imposibles de transitar y a la lluvia torrencial. Una combinación muy embarrada. Nos atrasamos un día. La camioneta se sacudía de un lado para el otro y nosotros también, como en el samba. Aceleró la digestión, y a pesar del buen desayuno, me dio hambre antes de tiempo.
 Cuando el sol estaba en su clímax, arribamos a la iglesia, donde el pastor tenía que predicar. Lo que vi en ese momento me tocó el corazón, mucho. 
 Toda la gente de la iglesia nos recibió en el camino con mucha alegría, y empezó a marchar danzando y cantando adelante nuestro para guiarnos hasta la iglesia. Y los niños corrían a la par de la camioneta para poder ver quiénes eran los extraños que esperaron esa mañana. 
 Nos halagaron tanto con semejante bienvenida que me hizo sentir mal. Ellos, nosotros, somos todos seres humanos, somos iguales! pero nos trataron como si fuésemos superiores. Lo que más me hizo sentir culpa fue que yo no estaba a la altura de sus expectativas. Tenía tanto camino por delante! 
 Entramos todos a la iglesia. Nunca vi una iglesia tan llena! Eran más de 1.000 personas. Los niños se sentaron en el suelo, sobre la tierra colorada, como la de Misiones. Toda esa muchedumbre nos estaba esperando! Me sentí más culpable. 
 El pastor dio una corta predicación... pero él hablaba en coreano, otro traducía al inglés y otro al kiswahili. Así que había que multipiclar el tiempo x 3. Después de esto, la gente no se fue a almorzar. Se fueron todos al río para el bautismo. El Río de la Plata es marrón, pero el agua de Kenia le pasa el trapo. Es color chocolate con dulce de leche, tipo clásico. En esas aguas se bautizaron 23 personas. 
 Kaprot fue el lugar donde vimos más de 1.000 pacientes. Ahí fue donde probé comida africana, donde aprendí las primeras palabras swahilis, y donde vi por primera vez África en crudo. 

Monday, October 4, 2010

sabor a kenia - capítulo iii



 La comida... sobre este tema, se puede hacer un libro aparte!
 Lo que más abunda en estas tierras rojizas es el maíz. Plantaciones de maíz se ven por doquier. Se cocina a la parrilla y al vapor, se usan los granos en guizos de porotos (githeri), con la harina hacen pan (ugali), etc. 
 Así como hay plantaciones de maíz, también las hay de caña de azúcar. En la ruta siempre se ven camiones llenos de cañas. Cuando esos camiones paran, la gente se acerca y saca un par como si nada (no es visto como un robo) y las va comiendo. Arranca la corteza con los dientes y mastica el parénquima (?). Todo se va desechando en el camino y hace que las orillas de las rutas se vean blancas. Es la golosina para niños y adultos, sin distinción de edad ni sexo. 
 Antes de comer, traen un bidón con agua y una palangada, para lavarse las manos. Ellos comen con la mano, pero cuando vamos nosotros, ponen cubiertos en la mesa (cuchara o tenedor)


 Se come mucha papa, repollo, porotos, y el tomate se usa en todos los platos. Hacen una tortilla de harina, sal y aceite (chapati) que me gusta mucho. Hay unos vegetales de hoja verde que no sé cómo se llama. Hay mandioca, batata. Comen mucho pollo y carne; pero hay tribus que son vegetarianos. El arroz es para ocasiones especiales. Siempre ponen un plato de huevo duro y otro de maní en la mesa. Si llega una visita y no es la hora de comer, colocan un plato de maní. Todos los días comen lo mismo. 
 Todo se cocina con brasas, salvo en las casas modernas. A la hora del almuerzo o de la cena, se ven columnas de humo que suben de las casas y se siente el aroma de la madera quemándose. 
 Los de acá dicen que si uno probó todos los platos que mencioné, ya es keniano. Después de pasar mi primer semana acá, ya me hice keniana. 
 Bananos y papayas las hay por todos lados. La banana se come como fruta y también como plato salado (matoke). mangos y paltas (abogado/aguacate) se pueden tomar de cualquier árbol, sea de mi jardín o la del vecino o del desconocido. Acá lo mío es tuyo y de otro, y lo tuyo es mío y de otro. El que encuentra primero es el dueño. 
 Pensé que en los viajes misioneros iba a estar tan ocupada que no íbamos a tener tiempo para comer bien, pero la gente local siempre nos brindó comida abundante y fue una de las pocas cosas que nunca faltó.
 También probé comida de Uganda (no muy diferente de la de Kenia), Filipinas (en África hay filipinos en todos lados!) y Etiopía. Fue una sorpresa ver kimchi (comida coreana) en una mesa africana! y estaba rico! 
 Comida coreana siempre como porque estoy parando en la casa de una familia coreana, pero igual hay cosas que acá no se consiguen y quiero comer (como el kimbap que hacía en casa). Y cómo extraño la pasta! y la pizza! Cuando estaba en Uganda, nos dijeron que iban a servir pasta y me puse re contenta, pero sólo duraron segundos, porque los demás pidieron cambiar el menú. Qué desilusión!
 Hablando de pasta... el inglés africano es... es raro. Me costó un poco al principio. Parecía una computadora vieja que procesa lentamente, entendía todo tarde, si es que captaba algo. Acá, “pastor” lo pronuncian “pasta”. Y lo que sería pasta para el resto del mundo, acá le dicen “spaghetti”. 
 Toman mucha leche los kenianos, desde que les empiezan a salir los dientes hasta que se les caigan todos. Y también comen mucha manteca. El desayuno es el típico de argentina: pan con manteca y té o café o chocolatada. Acá se venden tarros de manteca (o margarina?) de 1 kg! Cuando le digo a los pacientes con gastritis o úlcera y a los hipertensivos que no coman manteca o margarina ponen una cara de asombro! no puedo no reírme...
 Tanto a niños como a adultos les gustan los caramelos, por eso siempre llevamos bolsas de caramelos para repartir. Una vez, le dimos uno a un niñito, y éste le sacó el envoltorio y, en vez de comer el caramelo, llevó el envoltorio a la boca. Le mostré que hay que comerse el caramelo, no el papel. Cuando saboreó el caramelo con la punta de la lengua, la dulzura le pintó una sonrisa en la carita. 


Sunday, October 3, 2010

sabor a kenia - capítulo ii

 La diferencia entre ciudad y campo es abismal. Hay lugares tan pobres que no hay agua corriente, la mayoría no tiene luz, todos cocinan con brasas, viven en chozas pequeñas con paredes de ramas cubiertas con barro. Los baños son cubículos con un agujerito en el piso donde hay que embocar porque no son muy grandes y es bastante profundo porque no salpica. En unos pocos días uno aprende a usar esos baños. Y.. necesidades son necesidades!
 Si se enferman no tienen cómo llegar al hospital, y si llegan no tienen dinero para atenderse, y si se llegan a atender, no tiene con qué comprar los medicamentos. Como no es fácil el acceso al agua casi ni toman. Los privilegiados de tener un pozo “cerca” caminan varios kilómetros y horas para conseguir agua. Muchos toman agua de río, agua marrón. Esa agua se toma, con eso se bañan, cocinan, lavan la ropa. Y porque Dios es misericordioso, les dio tierras tan fértiles que no necesitan usar fertilizantes. Y los paisajes son hermosos! hay muchas riquezas a la vista, pero la gente no tiene dinero. 


 Por otro lado, las ciudades principales son un contraste a lo anterior! Después de recorrer zonas rurales, uno entra a la ciudad y es inevitable preguntarse si sigue estando en el mismo país. “Esto es áfrica?”. Edificios modernos, todos bien vestidos impecables. Los autos son más lindos que los que ruedan en la ciudad de donde vengo. Volante a la derecha, mantenerse siempre a la izquierda (el día que llegué me subí al auto y me pareció muy raro ver el volante a la derecha y me asusté cuando el auto salió del aeropuerto y tomó el carril izquierdo. Novata..). Hay un montón de vehículos y todavía no puedo entender cómo no hay ningún accidente con tantos autos y ningún semáforo! Hacen maniobras que si manejaran así en Buenos Aires, la gente diría palabras no tan agradables al que maneja y a sus parientes, incluyendo a los que nunca existieron. y por qué no un accidente. 
 Los matatus, minibuses, transporte más común en África, cambian sus pastillas de freno cada 2 semanas. Así se maneja y así de malas son las condiciones de las rutas y calles. 
 Las bicicletas y las motos son taxis. También son mini camiones de carga. Una vez vi una moto que llevaba un sofá con 2 sillones acoplados. 
 La gente puede no tener calzado, comida o dónde caer dormido, pero todos tienen celular. Si digo que no tengo, porque no tengo de verdad, la gente piensa que es porque no quiero dar mi número. 

Thursday, August 26, 2010

-sabor a kenia- capítulo i

 Hace 34 días que pisé tierras firmes de Kenia. Es un poco más de un mes, pero ya puedo decir cómo es el país, cómo vive la gente, qué come, etc. (los kenianos me enseñaron que “etc” incluye todo. No precisamente en mi caso).
 Al día siguiente que llegué salí de viaje misionero por 3 semanas. Estoy trabajando con un grupo misionero llamado BMW, sí, suena a autito lindo.. pero es Bicycle Mission to the World. Empezó hace 6 años donando bicicletas para pastores y misioneros rurales para facilitarles el transporte para visitar casas y dar estudios bíblicos. Luego empezó a donar motos, Biblias, becas para estudiantes carenciados, dinero para construir iglesias y escuelas, y por supuesto, atención médica gratis incluido medicamento. 



Vienen pacientes sin parar! ancianos arrugaditos, mamás con sus bebés y niños (entra la mamá como 1 sola paciente y hay que atender a 4 personitas adicionales), niños que vienen solos, gente que quiere cualquier pastilla. Es cansador trabajar todo el día, pero siempre pienso que vine a servir a Dios y siento que tengo que ser fiel hasta el final. Y Dios me da fuerzas para seguir y hace que el descanso de las noches sea reparador. El 1er día éramos 4 atendiendo y vimos 1000 pacientes! El día parecía no tener fin! 
 Vamos por caminos de tierra o barro, algunos que parecen intransitables. Viajamos horas y horas, y si son 100 km los recorridos, estamos cansados como si hubiese sido 400 km debido a las malas condiciones de los caminos. Llegamos a lugares que no aparecen en las propagandas turísticas. Los lugares más pobres o los más distantes. Pueblos que si no fuese por BMW.. nunca hubiese ido. Lo sorprendente es que hasta en esos rincones insólitos hay adventistas. Si fuese sólo por Kenia, Jesús ya está por llegar. 
 Es tan común ver iglesias adventistas por acá.. Uno va por la ruta y ve una iglesia, 1 km más adelante hay otra, 1km y otra, y así sucesivamente. También hay escuelas adventistas. En realidad, en África hay muchas iglesias de todas las religiones, conocidas y por conocer. Algunos usan “uniformes” y los domingos es divertido ver las diferentes vestimentas con sus colores particulares, los desfiles, las marchas. Confiar en alguien superior al ser humano es una necesidad del hombre, como comer y dormir. 


Así como hay iglesias, hay escuelas, y son más. Claro, la gente que no tuvo acceso a la educación tiene 6, 7, 8 o más hijos. Además, en muchos lugares, se practica la poligamia y las familias son muy numerosas. Alguien dijo una vez, “como no tienen luz, no ven televisión sino que hacen hijos. ya van a empezar a ver tv y van a tener menos hijos”. Por eso, hay muchos chicos. Por eso, hay muchas escuelas, muchas muchas muchas. Por eso, hay muchos centros de educación docente. A la hora de salida de clases se ven uniformes de todos los colores caminando por la calle. Algunos viven cerca, la mayoría muy lejos.